
Cumplís años. 16 exactamente.
Vas a perder tu lindura en cuestión de horas porque según vos me dijiste naciste al mediodía.
Después de sentir la unidad escuchar una canción y reirme con vos es lo mejor lejos.


Mil cosas que contar, pero poco tiempo y entusiasmo para hacerlo. Cosas buenas y nunca tan malas. Aprovechar la vida allí dond esté y pase lo que pase. Siento que hemos cambiado tanto que lo nuestro es un recuerdo que pasó en la lejanía del tiempo y que no sabremos nada el uno del otro en mucho. Y también que ya no me importa que sea de ti.






orgullosa porque gracias a ella las imágenes se expresan.
Fotos sin sentido. Cada proyecto se convierte en un fracaso. No hay motivación.
Desde hace años, cada día, aunque ella se rehúse y aún no sepa ni que existo, intento esculpir sobre su piel, para que siempre me recuerde, mi nombre.
Hoy luce tacones de puro desdén y me dedica una de sus sonrisas más altivas. Sin duda, se propone a tejer con aguja sobre mi corazón. Camina entre compases de elegancia sublime y se acicala el rostro de los más caros y cautivadores colores. Sin embargo, aún poseyendo una belleza joven, desconfío de sus encantos. Pero la droga que me ofrece es más fuerte que mi cordura. Y entonces, la melodía de sus pasos me embelesa y siguiendo el cauce de las telas de su vestido rosáceo me embarco en la locura de sus besos perecederos a los años. Me pigmenta las venas con su propia sangre y me contagia su alma, mientras me perfuma de su fragancia exótica que parece ser traída de otro mundo. Entre las caricias que sus dedos derraman sobre mi cuerpo me olvido de los prejuicios que una vez tuve hacia a ella y entonces, me dejo embargar por su vitalidad.
Sé que sus latidos se están extinguiendo con el pasar de los meses, y que ya ha comenzado a devorar el oxígeno de mis pulmones, a la vez que yo la abrazo sintiendo el más profundo amor por el antaño que se desvanece entre la brisa fría del océano. Sus suspiros me arrastran hasta el destino que ha elegido para mí. Me sentencia allí donde la fantasía queda sepultada bajo la realidad, donde la suerte pasa a ser de otro. Me sentencia al pasado al que una vez pertenecí. Lloro bajo la atenta mirada de sus ojos tornasolados que me auguran que pronto volveré a ser presa de su dicha. Vencida, aceptando el decreto de su voz, me recuesto sobre el ataúd y ella se encarga de escribir encima de mi lápida el oscuro epitafio de una etapa que se cierra con el nacimiento de otra. Por último, coloca una flor blanca sobre mis párpados y esto me vaticina que regresará para tomarla una vez más. A lo lejos advierto como sus labios se articulan pronunciando entre memorias aún palpitantes un recuerdo que me es familiar. Mi nombre.
Este texto se llama Vida.
PD: Foto hecha por mí en uno de los tantos parques de palermo.
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